09 septiembre 2006

Casas de cartón


Qué triste, se oye la lluvia, en los techos de cartón...

Muchas veces no nos damos cuenta de lo que tenemos en nuestras manos. No nos damos cuenta de la suerte que tenemos de vivir en una casa resistenete a la lluvia y al viento, en una casa con calefacción en invierno y refrigeración en verano. No nos damos cuenta que estudiamos en los mejores colegios y universidades, que tenemos clases extraescolares de piano, danza, teatro, fútbol o judo por decir unas pocas, y que todo esto, es "normal". Para nosotros es "normal" que nuestros padres nos den dinero si necesitamos comprar unos libros, si necesitamos comer fuera o incluso si vamos a ir al cone con nuestros amigos. Es "normal" que todos los años, el día de Reyes amanezca plagado de regalos, y no sólo nuestra casa, también la de los abuelos, los padrinos, y a veces incluso la de los amigos. Y a veces incluso llegamos a enfadarnos si algunos de estos caprichos nos es negado. ¿Por qué mi hermano puede jugar con la Play Station 2 y yo no? ¿Por qué no me trajeron esas botas de esquí que yo tanto quería? Es normal que nos acostumbremos a los lujos y que cuando nos son negados los echamos en falta, no estoy diciendo que rechacemos todo lo que nos es brindado, todo el progreso y volver a la cueva donde se refugiaban de la lluvia nuestros antepasados. Sólo pido que por favor nos demos cuenta de la suerte que tenemos, de la maravilla de vida que nos ha sido regalada en esta soiedad, que demos gracias por haber nacido en una familia que nos puede ofrecer todos esos lujos que consideramos "normales". Pido que relativicemos los problemas. Es cierto que incluso los más ricos tienen problemas por los que lamentarse, pero, ¿son realmente tan graves? ¿Qué es el hambre que se pasa cuando se hace una dieta comparada con el hambre que mata a millones de personas en otrs países? ¿Qué es la ruina comparada con la absoluta misera en la que viven esas personas que duermen en casas de cartón? En esta sociedad morimos por accidentes de tráfico, allí ni siquiera tienen coches, tal vez el Jeep del médico blanco que viene con MSF. Morimos por obesidad, allí no concen el significado de esa palabra. Morimos por cáncer, allí también tienen cáncer, pero no viven tanto como para que se desarrolle, mueren antes de desnutrición, SIDA o malaria. Nos lamentamos de que nuestro perro ha muerto porque le picó el mosquito de la Leishmaniosis, allí se lamentan porque su hijo se muere porque le picó el mosquito de la malaria. Aquí nos lamentamos porque nuestro novio nos ha dejado, allí se casan con 12 años con un hombre mucho mayor que ellas porque es decisión de sus padres. Aquí tenemos médicos siempre dispuestos a atendernos, allí recorren km y km para llegar al médico del pueblo que está tan cualificado como un estudiante de tercero de Medicina en Madrid. En esta sociedad una causa de enfermedad muchas veces es el estrés que nos debilita, incluso hay animales que están estresados; allí: rezan para que su Dios les proteja, para que su Virgen les cuide como una madre, lloran por su degracia y rien con los pequeños detalles que les aporta felicidad. ¿No os habéis dado cuenta que en las fotos que traen los misioneros o los médicos de esos países, casi siempre los niños están sonriendo? Porque encontraron una pelota con la que jugar, o incluso la fabricaron ellos mismos, porque un blanco rico con una megacámara digital les está haciendo una foto. Pequeños detalles que les arranca ua sonrisa. Y nosotros, con nuestros móviles polifónicos, con los i-pod, con los ordenadores con pantalla plana, con los viajes en avión al extranjero, con la comida encima del plato todos los días, con todo eso, no somos felices. Porque cuanto más tenemos, más queremos. Porque el más pobre del mundo es feliz porque aunque no tiene ropa, tiene lo más valiosos de todo, la vida.
Por eso siempre, siempre, aún en nuestros peores momentos tenemos que estar felices y agradecidos, por todo lo que tenemos y hemos tenido, todo lo que se nos ha dado, todo lo que hemos conseguido. Por haber tenido la suerte de nacer aquí. Porque tenemos salud, riqueza, un hogar; en definitiva, porque tenemos la vida. Gracias.

5 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Joe Luti... Los pelos como escarpias... Cuanta razón tiene este texto... Tenemos q empezar a valorar más lo q tenemos y pensar en toda esa gente del tercer mundo, y del "nuestro", q no tienen la suerte q tenemos nosotros de poder comer todos los dias, vestirse con ropa limpia, hablar con su amilia o amigos a través del móvil, ordenador o mismamente cara a cara... El ser humano tiene muchos defectos y uno de ellos es la avaricia, tiene mucha razón la frase q dice q "cuanto más tenemos, más queremos"! Weno Luti, espero q esto abra los ojos de la gente... A mi me los ha abierto un pokito más! Doy gracias por tener las facilidades q tengo y por tener amig@s como tú... Muaks!! Tkkk

10 septiembre, 2006 17:36  
Anonymous Anónimo said...

Yupi!! Toy en los links!! :D
Meteos meteos en el q pone CAE, es el mioooo!! Jiji!! Moooola, eh?? :P
T kiero Luti! Muaksss

12 septiembre, 2006 13:59  
Anonymous Anónimo said...

hola!! justo hoy hemos hablado un poquito de este tema, y he de decir que definitivamente me uno a tu grupo! jeje
la verdad es que este texto me ha hecho reflexionar y darme cuenta de lo afortunada que soy en comparación con otra mucha gente y lo poco que lo agradezco. Se dice que las comparaciones son odiosas, pero en este caso creo que es necesario compararse y reflexionar a cerca de las enormes diferencias que existen entre los que vivimos más o menos comodamente y todos los que malviven. Debemos darnos cuenta de que existen otras muchas realidades peores que la nuestra y que hace falta cambiar. Creo que debemos pensar más en toda la gente que no tiene las mismas facilidades que nosotros para vivir día a día e intentar contribuir en lo que podamos para mejorar un poquito el mundo aunque empecemos cambiando simplemente pequeñas cosas! un besito muy grande! [LUCÍA]
"no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita..."

19 septiembre, 2006 01:27  
Anonymous Anónimo said...

Aunque es un poco largo creo que merece la pena leerlo. te va a gustar! 1 besito, [LUCÍA]
TRIBUNA: MOISÉS NAÍM
"Cuando lo normal es raro"
MOISÉS NAÍM
EL PAÍS - Opinión - 28-09-2005
Usted no es normal. Si está leyendo estas páginas, seguramente pertenece a la minoría de la humanidad que tiene un empleo estable, adecuado acceso a la Seguridad Social y que además disfruta de una considerable libertad política. Además, a diferencia de otros 860 millones de personas, usted sabe leer. Y gasta más de dos euros al día. El porcentaje de la población mundial que combina todos estos atributos es menos del 4%.

La Organización Internacional del Trabajo calcula que un tercio de la población activa está desempleada o subempleada, y la mitad de la población mundial no tiene acceso a seguridad social de ninguna clase. Freedom House, una organización que estudia los sistemas políticos de los países, clasifica a 103 de las 192 naciones del mundo como "no libres" o "parcialmente libres", lo cual significa que las libertades civiles y los derechos políticos básicos de sus ciudadanos son nulos o muy reducidos. Más de 3.600 millones de personas, o un 56% de la población mundial, viven en esos países. Según el Banco Mundial, aproximadamente la mitad de la humanidad vive con menos de dos euros al día.

Así, estadísticamente, hoy en día un ser humano "normal" es muy pobre; vive en condiciones físicas, económicas y políticas opresivas, y está regido por un gobierno incapaz y corrupto. Pero la normalidad no sólo se define mediante estadísticas. Normal quiere decir algo que es "habitual, típico o esperado". Por tanto, lo normal no es sólo lo que es estadísticamente más frecuente, sino también lo que otros suponen que lo es. En ese sentido, las expectativas de una pequeña pero influyente minoría distorsionan la realidad de la vasta mayoría. Existe una enorme diferencia entre lo que el ciudadano medio de las democracias occidentales avanzadas -y las élites más ricas en todas partes- suponen que es o debería ser normal, y las realidades diarias que confronta la abrumadora mayoría de la gente. La información sobre las nefastas condiciones habituales en los países pobres es bien conocida y ampliamente debatida. Sorprendentemente, sin embargo, las expectativas sobre lo que significa ser normal en el mundo actual suelen reflejar la anormal realidad de unos pocos países ricos y no la norma global. Suponemos que es normal comer tres o cuatro veces diarias; caminar por la calle sin miedo, y tener acceso al agua, la electricidad, el teléfono y el transporte público. O que durante el día los niños van a la escuela. Lamentablemente, nada de esto es lo más común. Hoy en día, 852 millones de personas, incluidos muchos niños y ancianos, no comen tres veces al día, y cuando lo hacen, esa comida no les proporciona el consumo calórico diario necesario para una persona normal. Aproximadamente, 1.600 millones de personas carecen de acceso a la electricidad, y 2.400 millones recurren a combustibles tradicionales como la madera y el estiércol para la cocina y la calefacción. Un 30% de la población mundial jamás ha hecho una llamada telefónica. La delincuencia callejera y la violencia urbana son normales en gran parte del mundo. El índice medio de homicidios en Latinoamérica es de aproximadamente 25 por cada 100.000 habitantes, y en el África subsahariana, de unos 18 asesinatos por cada 100.000 habitantes. (En la Unión Europea se producen sólo tres homicidios por cada 100.000 habitantes). Se calcula que unos 246 millones de niños, aproximadamente uno de cada seis, trabajan, y de ellos, 73 millones tienen menos de 10 años. Mientras que un nacimiento generalmente es un momento de alegría y celebración en los países de mayores ingresos elevados, en el resto del mundo es una amenaza de muerte, enfermedades y discapacidades. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren más de medio millón de mujeres debido a complicaciones derivadas del embarazo en los países en desarrollo, donde el riesgo de mortalidad materna es de una de cada 61. En los países ricos, el riesgo de mortalidad materna es de una entre 2.800.

Esta percepción distorsionada de lo que es normal puede adoptar formas más sutiles. Un buen ejemplo son las suposiciones que hacemos sobre la calidad de las noticias que recibimos. Lo normal es suponer que las noticias están exentas de injerencias gubernamentales. Pero en gran parte del mundo, ése no es el caso. Un sondeo del Banco Mundial sobre la propiedad de los medios de comunicación descubrió que en 97 países, un 72% de las cinco emisoras más importantes y un 60% de las cinco empresas de televisión más vistas son propiedad del Estado. El estudio también encontró pruebas estadísticas fehacientes de que los países con un mayor control estatal de los medios disfrutan de menos derechos políticos, así como de una calidad muy pobre de servicios educativos y sanitarios.

Las suposiciones del mundo rico sobre lo que constituye la norma global pueden resultar en costosos errores. Se han derrochado miles de millones de euros porque se da por hecho que los gobiernos de los países más pobres son en diseño y normas más o menos similares a los de las naciones ricas, sólo que un poco menos eficaces. A pesar de los constantes recordatorios de que la mayoría de los gobiernos del mundo son incapaces de realizar tareas relativamente sencillas, como entregar el correo o recoger la basura, la mayoría de las fórmulas que se proponen sobre cómo deberían solventar sus problemas dichos países suponen la existencia de capacidades inexistentes en la gran mayoría del sector público del mundo.

Esto en parte sucede porque queremos que la gente tenga una vida mejor, y es natural que usemos nuestra definición de normalidad como guía para ayudar a los demás. Lo que impulsa el desfase entre lo que suponemos que es normal y la realidad a la que se enfrentan miles de millones de personas no es sólo la tendencia provinciana a imponer nuestra experiencia a los demás, sino también una manifestación sincera de nuestros valores. Esto no quiere decir que estos juicios de valor acerca de cómo deben ser las cosas deben abandonarse; de hecho, son estos valores los que señalan la dirección en la que se encuentra el progreso. Pero una cosa es tenerlos como metas y otra muy distinta -y peligrosa- es suponer que nuestros ideales son parte de la realidad. Es fácil equivocarse diseñando una política educativa "normal" para un país donde es común que los niños lleguen a la escuela sin haber comido o donde las niñas arriesgan su seguridad física cada vez que salen de su casa. La política de impuestos o de normas laborales en países donde el trabajo informal y las transacciones ilícitas son lo normal tampoco responde bien a los conceptos tradicionales.

Muchas decisiones de política pública han sido erradas porque han confundido ideales con realidades. En tiempos como éstos, en los cuales los valores se han vuelto tan habituales en la retórica política, es importante estar muy alerta a la posibilidad de que nuestras opiniones, planes y decisiones se cimienten en falsas suposiciones sobre lo que es normal. Cuando eso ocurre, los valores conducen a malas decisiones, y no a una mayor claridad moral.

Moisés Naím es director de la revista Foreign Policy. Traducción de News Clips.

19 septiembre, 2006 01:29  
Blogger Luz said...

Impresionante...

20 septiembre, 2006 16:35  

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